miércoles, 4 de mayo de 2016

Sorpasso, pero no Presidencia

Ya tenemos convocatoria de nuevas elecciones para el 26-J, de modo que las encuestas electorales siguen de moda. Tanto es así, que durante el mes de abril se han realizado nada menos que veintiún sondeos electorales para unas eventuales elecciones generales, un récord absoluto durante un solo mes.
 
La abundancia de sondeos me permite, a la hora de realizar la agregación de datos de acuerdo con la metodología aquí descrita, desechar los más antiguos de cada encuestadora durante ese mes, con el objeto de reducir en lo posible el sesgo en favor de aquellas agencias que realizan sondeos electorales con una periodicidad mayor.

De esa manera, para la agregación de resultados electorales del mes de abril, trabajaré exclusivamente con las siguientes doce encuestas.

Realizando la trimedia de esas encuestas, una medida estadística más robusta y fiable que la media y la mediana, el PP seguiría siendo el partido más votado, con un 29,1% del voto y un incremento de 0,4 p.p. respecto al 20-D; el PSOE obtendría el 21,3% de los votos, con una reducción de 0,7 p.p. respecto a las elecciones de diciembre pasado; Podemos lograría el 18,4% de los votos, con una reducción de 2,3 p.p.; Ciudadanos alcanzaría el 15,9% de los votos, con un crecimiento de dos puntos porcentuales en comparación con los resultados del 20-D; y, finalmente, IU-UP, aunque no se muestra en el gráfico, alcanzaría el 5,6% de los votos, con un crecimiento de 1,9 p.p. respecto a las pasadas elecciones.
Sin embargo, a nadie se le escapa que la probabilidad de una coalición electoral entre Podemos e IU es muy elevada, de modo que los resultados que más podrían interesarnos deberían incluir a esa coalición entre las opciones electorales. Desgraciadamente, apenas dos encuestadoras han realizado sondeos electorales incluyendo esa posibilidad y, como suele ser habitual, los resultados de ambos sondeos son dispares. Sin embargo, con solo dos sondeos no es posible realizar de forma fiable la técnica de agregación de sondeos que propugno, de modo que tendré que recurrir a otras técnicas para estimar los resultados electorales si, como es muy probable, se produce esa coalición Podemos-IU.
Naturalmente, podría simplemente sumar la estimación de votos para ambas fuerzas políticas por separado, y asumir que esa suma sería la resultante de la coalición, pero es bien sabido que las coaliciones electorales no suelen resultar en la suma de los votos de las partes. Pueden obtener más o menos según los electores reaccionen ante esa coalición, pero normalmente no estrictamente la suma. Esa coalición podría restar votos entre los votantes ideológicamente menos vinculados al eje izquierda-derecha y más interesados en el eje partidos nuevos vs. tradicionales. Es decir, podría restar votos entre los votantes que no se consideran de izquierdas y que votan a Podemos como elemento renovador en la política, un aspecto que se perdería al concurrir con un partido “viejo” como IU, así como entre los votantes de IU que ven en Podemos un partido “populista” y no institucional. En sentido contrario, esa coalición, que podría convertirse en primera fuerza de la izquierda, podría catalizar el voto útil de los votantes de esa ideología, acaparando los votos de esa franja ideológica en detrimento del PSOE y de partidos nacionalistas de izquierdas.

El único sondeo que ha preguntado a los electores de cada partido cómo reaccionarían ante esa coalición es el realizado por Metroscopia entre el 26 y el 28 de abril. De acuerdo con los datos de esa encuesta, no todos los potenciales votantes de ambas formaciones ven con buenos ojos la coalición ni muestran total disposición de votarla si finalmente se materializara. Ello confirma que no es prudente asumir que sus potenciales apoyos serían el resultado de una suma aritmética directa del voto estimado para cada uno de ellos. En este momento, cuando aún se desconoce la fórmula exacta que tendría la coalición, quienes votarían hoy a Podemos respaldarían esta unión en mayor medida (90%) que los de IU (60%) y, en el caso de que finalmente se formalizara la candidatura, la votarían con toda seguridad el 63% y el 53% de sus votantes, respectivamente. Naturalmente, una vez firmada esa alianza, los dirigentes de ambas formaciones harán todos los esfuerzos por convencer a los críticos de su bondad, así que para realizar mis predicciones, asumiré que logran convencer todos sus potenciales votantes, excepto a aquellos que aseguran con rotundidad que nunca le otorgarían su voto. Éstos últimos son el 15% de los votantes de IU y el 3% de los de Podemos.
Pero no todo es negativo como resultado de esa alianza. Nada menos que el 8% de los votantes del PSOE cambiarían su voto en favor de esa coalición electoral, lo que supone una cifra nada despreciable de nuevos votantes que, además, se restarían de un potencial competidor como es el PSOE.
Así pues, para hacer mis estimaciones de intención de voto si se confirma la coalición entre Podemos e IU asumiré que, esa alianza ganaría el 8% de los votos que, de no realizarse, irían a parar el PSOE, mientras perdería el 15% de los votos que las actuales encuestas adjudican a IU y el 3% de los votos asignados a Podemos. Dado que no hay datos adicionales acerca de adónde se dirigirían esos votos “perdidos”, asumiré que irán a parar a la abstención.
Con esas hipótesis, la abstención se incrementaría en 1,4 puntos porcentuales y, por ese motivo, se incrementaría el porcentaje de voto válido respecto del total del resto de fuerzas políticas. Así pues, mis estimaciones de intención de voto de producirse la coalición electoral sería la siguiente.

La fila “abril” señala la estimación de voto sin coalición, y la nominada “con coalición”, la estimación de voto para cada fuerza política de producirse la coalición electoral entre Podemos e IU.
Respecto al escenario sin coalición electoral, el gran perjudicado sería el PSOE, que perdería 1,4 p.p. de voto estimado y pasaría a ser la tercera fuerza política del país, con un 19,9% de los votos. Ese 8% de sus electores que cambiarían su voto por el de la nueva coalición causa un gran daño a las expectativas electorales del PSOE, ya debilitadas desde los resultados del 20-D. Por otro lado, la coalición Podemos-IU lograría el ansiado sorpasso al PSOE y se convertiría en la segunda fuerza política de España y la fuerza hegemónica en votos de la izquierda, con el 24,6% de los votos. El PP se beneficiaría del incremento de la abstención y avanzaría 0,4 p.p. más que respecto al escenario sin coalición electoral, alcanzando el 29,5% de los votos, y Ciudadanos alcanzaría el 16,1% de estimación de votos.
Siguiendo con esa hipótesis, es importante conocer cuál sería su impacto en el posible reparto de escaños. Hay que tener en cuenta que el sistema electoral español “castiga” la disgregación del voto entre distintas fuerzas políticas y premia su concentración en pocos partidos. La existencia de numerosas circunscripciones provinciales donde se reparten pocos escaños hace que con porcentajes de votos inferiores al 15-20% de los votos sea imposible obtener escaño en casi una tercera parte de las provincias españolas, lo que beneficia la concentración del voto y a los partidos mayoritarios.

Si las diferencias porcentuales de voto entre el 20D y el momento actual se reprodujeran en cada una de las circunscripciones provinciales (lo que evidentemente no será así, pero sirve para aproximar un posible reparto de escaños), el nuevo reparto de escaños sería el siguiente.

 Como se observa, Podemos-IU y Ciudadanos serían los grandes beneficiados de la celebración de nuevas elecciones. Así, la coalición Podemos-IU ganaría de ocho a catorce escaños (de 79 a 85) en comparación con los 71 de los que dispone en la actualidad (69 de Podemos y 2 de IU). Igualmente, Ciudadanos subiría de siete a doce escaños (entre 47 y 52), respecto a los actuales 40. El PP perdería de dos a seis escaños (de 117 a 121) respecto a los 123 actuales. Y finalmente, el gran perjudicado de esa coalición sería el PSOE, que perdería de 15 a 18 diputados (obtendría de 72 a 75) si se compara con los 90 de los que dispone actualmente. Los escenarios centrales (los más probables) auguran recorrido al alza para Podemos-IU (81 escaños  en el escenario central), y a la baja para el PSOE (75 escaños en el escenario central y tres escaños retenidos “por los pelos”). El PP (119 escaños en el escenario central), y Ciudadanos (49 escaños) se sitúan en el medio de su rango de variación.
Esta estimación de escaños tiene en cuenta que, debido a los cambios poblacionales provinciales, en las próximas elecciones del 26-J la provincia de León perderá un diputado, que le corresponderá a la provincia de Valencia.
 
Con estos datos, el acuerdo PP-Ciudadanos estaría más cerca que actualmente de la mayoría absoluta de los escaños (en 176 escaños), al sumar unos 168 escaños en el escenario central y 173 en el más optimista, cuando actualmente suma 163, así que requeriría situarse en la banda más alta de sus resultados y lograr el apoyo del PNV (5-6) y CC (1) para lograr la investidura. Sin embargo, las coaliciones por la izquierda (PSOE-Podemos-IU) estarían aún más lejos que ahora del Gobierno, al sumar 156 diputados en el escenario central, cuando actualmente logran 161 escaños, lo que los alejaría de esa posibilidad.

Así pues, aunque la coalición electoral entre Podemos e IU logra el sorpasso en la izquierda (supera en votos al PSOE y lo iguala en escaños), no obtiene su segundo objetivo, como es poner “a tiro” el Gobierno del Estado para su líder, Pablo Iglesias. Ello se debe a ese 15% de los votantes de IU y ese 3% de los de Podemos que no ven con buenos ojos esa coalición y que engrosarían la abstención. Del éxito o el fracaso de los dirigentes de Podemos e IU en convencer a esos votantes de las bondades de esa confluencia dependerá el éxito o el fracaso en su “asalto a los cielos”. La campaña electoral se presenta apasionante y decisiva.